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“Me tomaré únicamente unas líneas para plasmar negro sobre blanco que todas mis pesquisas sobre esta situación nefasta que nos envuelve y con la que nos despertamos y acostamos cada día, se cumplen.

No recuerdo ya en qué cumbre se publicaron los datos de desempleo en España, con una alarmante tasa de paro juvenil que le puso los pelos de punta incluso a Ángela Merkel. Al menos eso dijo, totalmente escandalizada, que eso no se podía permitir. Pero en realidad a Ángela Merkel se le encendió la bombilla y puso la cabeza a funcionar. No para resolverlo, sino para determinar cómo podría sacarle su país, o ella misma, puesto que va quedando claro que los políticos de hoy en día, de la ideología y país que sean, barren para casa, piensan en su propio rendimiento. Así ha sucedido, que a Ángela Merkel le hicieron los ojos chiribitas al saber que había más de un 50% de jóvenes perfectamente preparados que aceptarían lo que fuera por poder trabajar, sufragar sus propios gastos, concederse sus caprichos y sentirse útiles. Y allá que concienció a todo el mundo, palabra de Merkel, de que éste era el problema de máxima prioridad a resolver. Hoy mismo, la ministra alemana de trabajo se ha plantado delante de Fátima Báñez, y aprovechando que le falta un verano, el acuerdo, la solución al problema ha sido ofrecer 5.000 puestos de trabajo para los jóvenes españoles preparadísimos que no encuentran trabajo en España. Lo que no nos han contado es el salario que cobrarán, porque la gente que está yendo para allá no suele pasar de los 600 euros, al principio durante los 6 primeros meses, ahora parece que más adelante hay que rogar para que suban un poco el sueldo.

Contrasta esto, además, con la noticia que salió la semana pasada de que en Alemania se había trazado un plan en los años 5o para su productividad en el que no habían contemplado que bajaría el índice de natalidad y no habría tanta población activa por el aumento de la tercera edad. Se publicaba que Alemania necesita 1.500.000 de trabajadores, aparte de los alemanes en edad activa, y por ello Alemania iba a comenzar a repartir residencia alemana con el único requisito de tener contrato de trabajo allí. Merkel contribuye extendiendo sus tentáculos, arrancándole jóvenes al sur de Europa a bajo precio, para retrotraernos a los años 40.

Por otro lado, han conseguido una vez más condicionarnos. Manipularnos para que varíen nuestras prioridades. El desempleo juvvenil es el problema más importante que tiene España. Europa ya pide, movido por Alemania, casi zarandeado, que se le encuentre una solución a esta hecatombe. Pero, ¿ realmente es este el problema más grave que azota a nuestro país? El problema es que no hay crecimiento. La gente no puede consumir porque o no tiene trabajo, o si lo tiene, los gastos agobian tanto que sólo se puede comprar lo imprescindible. La gente no puede consumir, no puede comprar coches, no puede comprar casas, entonces se van al paro los trabajadores del automóvil, las personas que trabajaban en la construcción, las que trabajaban en empresas auxiliares. Estas personas tampoco pueden consumir porque se quedan sin trabajo, pues no compran ropa, no compran perfumes, no compran juguetes. Por tanto, se despide a gente de estos sectores porque descienden las ventas.
Me pregunto, son los jóvenes recién licenciados los que consumirán para que todas estas industrias no se vayan al garete. Seguramente si no tienen trabajo, se quedarán en casa de sus padres, sin cargas familiares, y consumiéndose estos para ellos. Las familias que tienen que pagar hipotecas, alimentos, ropa, juguetes, libros, ir al cine, coches, viajes.

Nos han vuelto a confundir y nos hemos dejado porque todo lo que huele a solución de problema nos sirve. Pero realmente la oferta de los 5.000 puestos de trabajo en Alemania  a según qué condiciones, lejos de casa, lejos de la familia, por un problema en el que ellos no se han metido, ¿es la solución? ¿No serían ellos los que tendrían que dejar que Europa girara en paz, sin que Alemania tratara de imponernos su hegemonía, sin apretarnos el cuello, dejarnos en paz simplemente?”

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“Hemos tenido un mes cargadito de regalos, malos, carbón directamente si hubiéramos rozado el 5 de enero. Pero no, vamos camino del verano, queremos vacaciones, las necesitamos por mucho que nos digan los que hablan cabreados que somos unos juergas y ahora nos van a enseñar ellos como se hacen bien las cosas.

Mr. Merkel (no es un error ni tipográfico ni de ningún otro índole) insiste en la austeridad por mucho que le digan que no, que por ahí no vamos bien, que se va a cargar el invento con este híbrido de Hitler y Margaret Tatcher en que quiere convertirse. Luego nos amenazan desde Bruselas, estos señoritos que viven a cuerpo de rey gracias a los impuestos de los que una vez creíamos en la libre circulación de todo por territorio europeo, que nos van a sancionar si no se mejoran los resultados, si no se bajan los índices de paro, inadmisibles para un país que se supone es la cuarta potencia europea, porque los arrastramos a todos. Desde el FMI avisan ya de que nos aflojen un poco, los que quedan y no han dicho que todo lo que estamos padeciendo ha sido un tremendo error de cálculo. Suyo, por supuesto. No hay culpa para ellos.

Nos castigan porque, dicen, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Nosotros, que sólo nos dejamos engatusar porque a base de crédito se podía vivir como clase media, que lo éramos. Ahora molestamos. Se les había ido de las manos y el poder empezaba a repartirse. Poder ficticio, se entiende. Pero eso era lo que querían, ¿no? Que a base de crédito, entrampáramos nuestras vidas. No esperaban que la rueda se lo iba a llevar todo por delante y que quien no pudiera pagar su hipoteca o su préstamo o su crédito, iba a renunciar. Ya lo dijo María Dolores -apropiadísimo nombre, por cierto-, que sus votantes dejan de comer antes que dejar de pagar la hipoteca. Mire usted, hermosa, nosotros no somos tan tontos.

Era previsible que iba a haber paquete de reformas porque las cuerdas se empezaban a tensar desde Berlín, Bruselas, Washington. Mariano dijo que no subiría impuestos, pero como siempre, no da la cara. A él hay que buscarlo en los partidos de la selección, siempre que se disputen fuera de España. Ahí sí que ocupa los palcos. Manda a sus perros de presa a que se coman el marrón, y nada de donde dije digo, digo Diego. Nada de eso. Se han acostumbrado los peperos a no decir nada diciendo un montón de palabras, pero a pasar la guadaña después en el BOE. Si acaso es muy tremendo el palo, alegan que no les queda más remedio. Pues tan fácil como que cojan los bártulos y se vayan a su casa. Que venga otro que sepa hacer las cosas bien.

Pensaban ellos que ser político era eso. Que te lleven de paseo los choferes en coches oficiales de super lujo, que te traten de eminencia allá por donde vayas, codearte con la flor y nata de este país y otros, pertenecer a la élite de la sociedad, a caballo entre la burguesía o nobleza y los ricos. Por eso están que no viven con los escraches. Porque después de la sangría a la que están sometiendo al pueblo español, pagando los que menos tienen por los desmanes de los que más han tenido, les jode que se presenten en sus casas y les digan que no está bien, que no están de acuerdo. Esto es lo que tiene la carrera pública y sobre todo que te vean la cara. No sólo para salir en un periódico posando a lo Vogue, enseñando sin enseñar. Se os ha olvidado a todos que estáis ahí porque el pueblo os ha elegido y que habéis de hacer lo que sea mejor para el pueblo, porque a ellos representáis, no les mandáis ni les dirigís ni les ordenáis. Si no os gusta, haced las maletas e iros. Como mucha gente a la que no le gusta o a la que no le queda más remedio, la hace y se tiene que ir. Es la decisión más digna que podríais tomar todos, en bloque. Sería lo mejor que podríais hacer por el pueblo español que os votó. Seguramente por eso Mariano da la cara tan pocas veces.”

“Hace unos meses, terminando el verano o antes quizás, varias personas me dijeron que habían decidido no ver los telediarios ni oír la radio ni leer los periódicos para dejar de sufrir. Total, la realidad de crisis era palpable en cualquier rincón. El panorama ha cambiado radicalmente. Poco nos falta ya para sentarnos con una bolsa de palomitas para el nuevo capítulo que nos presenten los medios de comunicación. Asistimos divertidos a las entregas de este folletín de chanchulleo que cada día nos presentan. Porque son listos. Dosifican la información para tenernos enganchados. Ya no se responden los periodistas las preguntas clave para explicar bien una noticia. Ahora quieren mantener la atención, la audiencia. Bravo por ellos porque se lo están currando.

Ya veníamos con el destape de lo que parece que ha sido un saqueo de alguien cercano, muy cercano, tan cercano que hasta dormía casi en el mismo colchón, de alguien muy cercano a la institución máxima del Estado, por su cara bonita, nunca mejor dicho. Ahora todos están tocados y hundidos. Resulta que nos contaron desde Alemania, cuando se puso al frente quien dejó que nos metieran mano pero bien, que habíamos sido unos derrochones, que habíamos vivido muy bien cuando ellos estaban todavía recuperándose de haber partido su país en dos, que no es moco de pavo. Que habíamos vivido por encima de nuestras posibilidades. Como nenes buenos, nos lo creímos, y con alguna manifestación pero agachando el cogote, nos dejamos recortar pero bien, para purgar por nuestros pecados. Como tontos de culo que estamos siendo educados, no por nuestros padres ni los profesores que hayamos tenido, sino por el juego de economía neoliberal en el que nos metieron contándonos que perseguíamos un estado del bienestar, picamos el anzuelo.

Ahora resulta que no. Que quien se compró una casa, tenía derecho a comprársela. Que quien se hizo un viaje, bien aprovechado estuvo. Que quien conduce un cochazo si todavía no ha dejado de pagar las letras, se lo merece. Porque resulta que el agujero en las arcas del Estado no lo habíamos provocado nosotros por creernos más listos, más guapos y más triunfadores que nadie. Resulta que en la caja donde todos poníamos un poquito cada mes, han metido la mano todos, y gilipollas el último. Puede ser que el error lo hayamos comertido a la hora de tener que dejar nuestros porvenires en manos de unos u otros, dos caras de una misma moneda ahora que se ve a toro pasado. De no darle voz a la diversidad para que tuvieran que ceder unos y otros y vernos todos un poquito representados. Nos ha faltado inteligencia pero no es culpa nuestra, es parte del plan, nos han hecho así. Qué más se puede decir si el país sólo se paraliza cuando juegan el Barça y el Madrid, no antes ni después.

Si del anterior gobierno que nos tocó no tengo más que decir que fueron unos ineptos, de éste no me cansaré de decir que por muy aptos que sean, ni tienen vergüenza ni la han conocido. Han cobrado bajo manga, la burbuja que nos ha explotado la hincharon ellos y se llevaron su tajada del pastel, y ahora salen a contarnos cuentos que nunca terminan porque es que no saben ni explicar con los simulacros de despido incluidos. Mientras, el capo Bárcenas sigue vistiendo su abrigo inglés, viviendo en su piso del barrio de Salamanca, cobrará 900.000 euros que pagaremos todos nosotros, de la indemnización que recibe su ex partido a través de las subvenciones que salen de nuestros bolsillos, y seguirá manteniendo sus millones en Suiza. Seguro que conseguirá que le dejen salir a esquiar o cenar cuando le dé la gana. Los ERE’s seguirán firmándose para personas que no trabajaron nunca y los aeropuertos se seguirán construyendo para que no aterrice en ellos ningún avión.

Nosotros nos comemos las palomitas, flipando con cada nuevo detalle, pero realmente nos estamos comiendo algo más, un marrón importante que no es nuestro y repercutirá en que nos suban los impuestos y nos bajen los sueldos otra vez, hasta que estemos dispuestos a trabajar por nada y pagar por todo, sanidad, educación y jubilación incluidas. También que los reales se sigan decorando los palacetes a costa nuestra y por no hacer nada. Desde que el mundo es mundo, ha sido así.

El poder es nuestro. Sólo les votamos para que nos representen, a los de nuestro pueblo, provincia, comunidad, país y hasta Unión Europea. No sé si me da más asco el capitalismo salvaje que están tratando de imponer o el choriceo a cara descubierta. O nosotros, que les seguimos dejando que vayan por donde quieran y nos aprieten la nuez.”

“Hace unas semanas leía la crítica de la película “Hoy tengo ganas de ti”, protagonizada por Mario Casas y Clara Lago. Lo cierto es que el crítico se despachaba a gusto tirando por los suelos, arrastrándola casi, a la cinta. Sin embargo, parece que la película se mantiene en cartelera, y eso es porque la gente va a verla. No es casualidad tampoco que el protagonista sea Mario Casas. Apareció en una serie de audiencia, que mezclaba lo cómico con lo oficial del cuerpo de Policía, y si aparecía un guapete por ahí, primaba la risa antes que la testosterona. Entonces brilló una bombilla, pero no de las que ahorran energía, en la cabeza de alguien. Mario Casas tenía que ser el nuevo guaperas del cine español. A Clara Lago la recuerdo de niña modosita en series y películas, y presentarla como sex symbol también tiene que darle su morbo a los desequilibrados. No sé. Supongo.

El caso es que la crítica que le hacían a la película, Mario y Clara a un lado, era feroz y devastadora. Saltando de que estaba plagada de tópicos a que incitaba a la adolescencia a la perversión y a convertir al Reino de España, como dice Rajoy cada vez que nos dan un préstamo o nos ponen el pie en la cabeza los alemanes, en Sodoma y Gomorra. Creo recordar que se enunciaba algo así como que la adolescencia era una edad complicada en las personas, que el mejunje que se forma entre hormonas, acné y la asumción de responsabilidades podía volverte muy loco, como para pensar que con tres polvos se resolvía el asunto. Ser promiscuo estaría de moda, según esta película, a la americana.

El tema más preocupante, flagrantemente preocupante, es que la película está basada en una novela de Federico Moccia. O en todas ellas. Y ver que es uno de los libros más vendidos, trampas de libreros y editores para aparecer en las listas de culturales y otras publicaciones aparte, es entender porqué tenemos lo que tenemos. Porque hoy todas las jovencitas comienzan a los 13 años a creerse protagonistas del anuncio de L’Oreal, porque yo lo valgo, y están acostumbradas y creen que siempre será así, a que todos sus caprichos, absurdos y estúpidos caprichos, sean cumplidos en 0,5 segundos o a la orden de ya, sea cual sea el nivel adquisitivo de quienes los pagan. Y también que los muchachuelos se crean que saben más que nadie, y que pueden ser los más chulos del barrio sin tener que currárselo, sin carreras universitarias, sin trabajos de aprendices, etcétera. Saber que Federico Moccia es uno de los best sellers del panorama nacional y que encima sus libros se convierten en películas taquilleras es altamente peligroso. Casi la polución mental de esta sociedad es más destructiva que la medioambiental.

Pero tontos nosotros, y no hay más. Porque a Federico Moccia lo ponen ahí, haciéndole una campaña publicitaria impresionante, para que la gente se compre esos libros en los que creen que se dice de todo y no se dice nada. Con el que pasan un rato divertido, sí, amigos, pero todo en esta vida no es diversión; a decir verdad, tal y como nos la están pintando, ni una décima de esta vida será diversión a partir de ahora. Entonces esos argumentos no me valen.

Si hasta hace bien poco la mayor parte de la gente echaba la vista atrás y decía que adónde habíamos llegado con la juventud, que no pedían nada por favor ni daban las gracias, que no cedían el asiento ni el paso, que no se bajaban de la acera cuando se cruzaban con alguien mayor, seguro que alguno o muchos de los que lo decían son los que le dan 10 euros al tonto del nene o la nena para que se compren lo que les apetezca. Recen porque la apetencia no sean palabras mayores y traiga quebraderos de cabeza y esa frase tan socorrida de: qué hemos hecho mal para merecer esto. Dar a leer los libros de Federico Moccia, por ejemplo. Y ya para terminar, quizás lo peor de todo no sea en manos de quiénes estamos, sino en manos de quienes estaremos.

“Nos rescatan. A decir verdad, ya estamos rescatados. En cualquier otra circunstancia esto habría sido una buena noticia, un alivio, el fin de un problema, de una agonía. Sin embargo, es todo lo contrario en este caso, lo disfracen como quieran disfrazarlo. Nos rescatan porque no hemos sido capaces de resolver nuestros problemas. El propio país se ha visto como la mayoría de sus habitantes, con una hipoteca que ya no podían pagar. Con la diferencia de que a ellos les han dado crédito y a los morosos normales y corrientes no les toca más que comerse los mocos.

No vamos a echarle la culpa a Rajoy por haberlo estado negando hasta último momento, ni por no haber dado la cara ayer y haberla dado hoy ante la crítica popular y masiva de su cobardía, ni tampoco porque todo lo que dijo antes de poder agarrar la sartén por el mango se lo ha pasado por el forro de cierto sitio, siempre alegando que lo que encontró era mucho peor de lo que esperaba. Tampoco vamos a dejar que se vaya de rositas ZP, máxime cuando hoy se ha publicado la carta que le enviaron en 2008 al Ministro de Economía de entonces, Pedro Solbes, que unos meses más tarde no tuvo más estómago y salió pitando, en la que los inspectores del Banco de España aconsejaban tomar medidas para reconducir la situación delicada que había entonces y que se podía convertir en difícil cuando el entorno económico se tambalease un poco, como así ha sido. Todos los vaticinios que dieron estos señores, dejando muy claro en tal documento que se desligaban de las declaraciones del entonces Gobernador del Banco de España, que seguía asegurando la solvencia de las entidades financieras, se han cumplido punto por punto. Sabiendo que era posible no se tomaron medidas, y como cuando se pronunció aquello de: crisis, ¿qué crisis? aquí no hay crisis, aún tuvieron el cuajo de salir diciendo que los bancos españoles eran los más solventes de Europa.

Nos han engañado como a chinos. Unos por negarnos la evidencia y nosotros, tontos del culo, nos la creíamos cuando había signos más que suficientes para no haberlo hecho. Y otros porque sólo nos dijeron lo que queríamos oír para hacerse con nuestro destino, que es el destino del país. Una vez en el trono, ya podemos patalear, y encima con mayoría absoluta.

Y claro, no puede decirle Rajoy a Zapatero que no le informó de lo que había porque la madre de los desastres ha sido Bankia y estaba gobernada por su gente. Y seguro que la carta de los inspectores del Banco de España también llegó a sus manos, porque en el fondo esto es como un partido del Madrid-Barça, se cabrean, se pelean, se insultan, pero después del partido se van a echar unas risas tomando copas, haya ganado quien haya ganado y haya perdido quien haya perdido.

El tema del rescate es peliagudo. Porque aparentemente no es un rescate, es un préstamo de 100.000 millones de euros que nos hace Europa, que hace dos semanas no quería darnos ni un duro, y hace un mes la Merkel, la casi dueña de Europa, se tiraba de los pelos con la sola idea de que Hollande consiguiera convencer al resto de socios de que era mejor promover el crecimiento que la austeridad. Es un préstamo que han hecho al Estado para que se lo dé a sus solventes bancos, y que supondrá una serie de medidas de control sobre las actividades de esto, lo cual me parece perfecto, cojonudo. Pero el préstamo, como todo préstamo, se concede para ser devuelto con un interés, y es ese interés, que han dicho que era más bajo que el de los mercados pero no exactamente cuál, es el que tiene que devolver el Estado. Y el Estado no es Rajoy, De Guindos, ni lo era Zapatero con Rubalcaba. Estos no van a poner ni un duro. Lo vamos a poner todos con las medidas de ajuste. Pero hemos ganado en tranquilidad financiera y económica, y a media tarde ya decían que el crédito no va a fluir ni a corto ni a medio plazo por parte de los bancos, por mucho que les inyecten dinero. Entonces, ¿a qué estamos jugando?

Si Zapatero mintió, que lo procesen. Y si Rajoy ha pedido un rescate porque sus amigos los banqueros no han sabido gestionar sus recursos y les han concedido hipotecas a quienes no podrían pagarlas luego, que resuelvan sus trapos sucios en su casa, que arreglen sus problemas, y el banco que tenga que quebrar, que quiebre. Esos 100.000 millones de euros pueden servir para que el Gobierno dé créditos a emprendedores, pymes y hogares, que sí pueden crear negocio y riqueza que redunde en el país. Dándoselo a los bancos van a volver a jugárselo a la ruleta en la Bolsa, y si baja, pierde la banca en este caso.

Eso por un lado. Espero que Rajoy y su panda de impresentables dimitan en bloque dentro de poco, y que a Rubalcaba no se le ocurra presentarse a ningunas elecciones, que la gente que se presente para dirigir a un país no sea político sino alguien que quiere hacer las cosas bien. Porque toda esta pandilla ya ha demostrado que lo único que querían era forrarse y forrar a todos los amigos y conocidos para conseguir favores o concederlos por el mero hecho de sentirse poderosos. ¿Y nosotros nos quedamos mirando con cara de tontos? Va a ser que no.”

“Hace unos días me fijaba en los pies de los viajeros de metro, sobre todo en los de los más jóvenes, y encontraba el suelo poblado de deportivas. Algunas iban desabrochadas, y cuando el susodicho o susodicha que las portaba se ponía en pie y arrancaba a andar, parecía que iba a dejárselas olvidadas en el último paso. Eran enormes y de colores, pero parece que esa moda ya está pasada. Ahora no sé lo que es moda o no lo es. Supongo que las economías caseras no están para esos dictados. Pero sí que vi algunas “Puma” de tiempos pasados, que causaron furor, mis propias converse, que se lleven o no, a mí me facilitan la vida un rato cuando hay que ir informal pero arreglá. Y hasta pasó una chica emperifollada, con morros rojos y vestida de negro con minifalda, y unas victoria a juego con sus labios, que ya tampoco son actualidad.

Entonces me dio por pensar, ya que no tenía asiento para ponerme a leer tranquila, mientras llegaba mi parada, la última en este caso. Eché la vista atrás casi veinte años y recordé cuando todos suspirábamos por las reebok o las nike que se habían puesto de moda entonces. Cómo algunos compañeros de colegio las habían conseguido chasqueando los dedos nada más porque en su familia se presumía de ser muy moderno e ir a la última, y cómo al resto nos tocaba suplicar para que nuestros padres aceptaran gastarse una pasta y comprarnos esas zapatillas que quedarían destrozadas en el patio del colegio, a más tardar, en un mes. Los menos afortunados tenían que conformarse con las Paredes de suela de tres dedos de ancho, que no dos.

Luego llegó la tontería de calzar con zapatillas de marca a los bebés. No iban a durar absolutamente nada, algunas ni siquiera tenían suela para darle utilidad, pero quedaba muy moderno, progre, pijo y todo lo que pueda caber en dicha imbecilidad, hacer la gracia, desembolsar la pasta y echarse a dormir con la sonrisa en la boca porque el nene o la nene vistieran de marca desde su más tierna infancia.

Después me perdí por unos años. No recuerdo bien cuáles fueron las modas. Creo que volvió lo que se había llevado hacía 50 años, los clásicos, pero no guardo registro alguno de ello. Recupero la memoria fashion cuando se ponen de moda las Puma. Alguien lanza un diseño atractivo en un montón de colores, patrocina la marca a jugadores de nivel y éstos las anuncian en los medios, y les colocan precios desorbitados. ¿Las Puma? Yo juraría que no era de las top cuando la fiebre de marcas surgió. Que arrasaron las Nike, las Reebok, las Adidas o las Kelme. Pero las Puma era como un quiero y no puedo. Una marca, sí, pero no de las molonas. Sólo hubo que hacer marketing y decirle a la gente, eh, mira, que este tío o este otro, o aquélla, las llevan, y todos corrieron en masa a comprarlas, padres y madres de bebés incluidos. Duró esta fiebre, compaginándose con la de las converse a la antigua usanza. Las que llevaban los jugadores de baloncesto allá por los años cuarenta, que si nos hubiera hablado de esto una década atrás, nos habríamos hasta escandalizado. Pero pasamos por el aro de nuevo, y me incluyo en este caso, con la misma estrategia con la que nos habían colado el gol de las Puma. Exactamente con lo mismo. Creo que alegaban a un tal Chuck Taylor que el gran público no conocía, pero tampoco le importaba.

Hace unos años fue cuando se pusieron de moda los pantalones varias tallas más grandes, las gorras y las zapatillas vans desabrochadas. Ahora, en plena crisis, todo lo que suene a moda son sólo rescoldos. Uno va pillando lo que puede y no están los tiempos para caprichos superfluos. Pero en cuanto los bolsillos vuelvan a gozar de buena salud, seguro que nos apuntaremos a la moda de turno, que para algo nos dirán que lo que sea lo lleva quien sea y es lo mejor. Y nosotros a creérnoslo, como está mandado.”

“Hemos empezado el año con anuncios de nuevas leyes y reformas que nos quitan de todo por todos lados. Pero quizás lo más flagrante de todo son las sentencias de gran seguimiento que terminaron y comenzaron el año, y que nos hicieron avergonzarnos de ser españoles por unos días.

Hay nuevo ministro de justicia, dicen que lo mejor que tenía el PP, Alberto Ruíz Gallardón. Anunció la semana pasada reformas referentes a la cartera que le han encomendado, y los medios han decidido centrarse en el tema del aborto, que saben que abrirá polémica de un lado y de otro, como toda la vida, los que estén a favor y en contra, caldeando los ánimos para ver si cuela y se dan las manifestaciones y hay más noticias que cubrir. Sin embargo, para meterle mano había otros temas de rabiosa actualidad que se han dejado correr como el agua que no se ha de beber, y ya son sólo algo que pasó nada más. Tal vez ese sea nuestro problema actual, que lo olvidamos todo demasiado rápido y cometemos los mismos errores en un márgen de tiempo escaso.

De las sentencias de las que hablo, una es la que se dictó sobre el juicio por la desaparición de Marta del Castillo. Después de la indignación sufrida por la sociedad, apoyando en todo el mundo a la familia y allegados que la sentían amplificada por tenerla en propia carne, tras ver cómo la pelota iba quedando sucesivamente en el tejado del acusado de turno al que le tocaba declarar, y la niña seguía sin aparecer por ningún lado, los jueces que han valorado el caso han absuelto a todo imputado menos al que ya había asumido la culpa y era imposible salvar de la quema. El otro día viendo un programa sobre el mencionado juicio, y escuchando cuanto se exponía en él, me dieron ganas de coger la maleta y largarme. Cómo los jueces habían desestimado pruebas alegando argumentos baldíos para aceptar otras que no tenían ni pies ni cabeza, cómo han razonado valorando subjetivamente las situaciones y cómo se han atrevido a dejar este crímen atroz impune, más aún, sin zarandear hasta que cayera por fin de algún bolsillo la respuesta que llevan escondida en la piel para salvar el pellejo, dónde está Marta. Parece ser, aunque nadie lo dijo claramente, que había una imputada en el tema de alta cuna, y todo cuanto se tejió en la sentencia fue para dejarla fuera del fango a ella. Con esto resultó que se fueron cayendo culpables por todos lados, y al final, seguramente el asesino confeso se arrepintió de no haberse mordido la lengua al confesar, que también a él le habría cubierto el manto redentor de estos jueces infames y corruptos de no haber sido así. De todas formas, nos la hemos comido y tenemos que aguantar encima que unos padres que no encontraran sosiego por los siglos de los siglos, sólo porque han cercenado la familia que habían creado de un modo atroz, tienen que pedir contribuciones para seguir pagando el proceso judiciales que unos indeseables han decidido prorrogar porque sí. Todo porque una niña mona se enamoró de un macarra, y a los nuestros no los tocan, que somos de otra pasta.

La otra sentencia que indigna, y ésta aún pica mucho por lo reciente, ha sido la que ha absuelto a Francisco Camps por el tan traído y llevado tema de los trajes, que le metía de lleno en la trama Gürtel. Ya sonó raro que un caso así, donde iban a tratarse temas de complejidad y tramas muy complejas, fuera a ser juzgado por un jurado popular. Más aún, dada la envergadura de que estamos hablando, saber si un presidente autonómico es corrupto, se publican las conclusiones del jurado y era tan poca la preparación que hasta esto lo redactaron con faltas de ortografía. El caso es que hemos tenido que estar asistiendo a sesiones de juicio en las que el señor Camps era llamado al orden continuamente por el juez al estar mandando mensajes y besos al público asistente, dícense sus fans, jugar con su móvil y mandar mensajes e incluso leer durante una de las sesiones y darle a leer a su abogado un pasaje seleccionado previamente por él mismo. Flagrante fue el hecho de que cuando el jurado se reunió a deliberar, fuera pillado un miembro de las nuevas generaciones del partido del ex-president, tomando una copa “casualmente” en dicho hotel. El insurrecto había asistido a todas las sesiones del juicio como acérrimo defensor de Camps, y ni esto sirvió para que saliera absuelto. Más aún sabiendo que para serlo sólo necesitaba conseguir cinco votos sobre cuatro, mientras que para lo contrario era necesario que los que le consideraban culpable fueran siete, sobre dos que no lo vieran claro, o prefirieran mirar para otro lado.

Después de esto, la escandalosa actualidad se impone con los juicios de Baltasar Garzón. El único juez que se ha atrevido a pedir que pague un dictador que cometió crímenes contra la humanidad, el único que ha osado plantarle cara al pasado y abrir fosas del franquismo para que descanse en paz el recuerdo aún agitado de la Guerra Civil y posterior dictadura. El único que ha asistido a los registros de pisos francos de terroristas, a cara descubierta. Resulta que se extralimitó por buscar justicia, y alegan que hizo lo que hacen todos, pedir que les sufraguen quienes tienen dinero y conceder algún favor por ello. Conste que no me parece de ley, pero que sea Garzón cabeza de turco cuando quienes le acusan tendrán tantos o más trapos sucios que él, es infame.

Y como todas, nos las comemos. Así que, si no protestamos, sí que no nos va a quedar nada de nada. Luego no podremos quejarnos. Y los medios de comunicación deberían arrimar un poco el hombro, y dejar de publicar y dar propaganda a noticias horrendas, a la destrucción del paro, a la mala nota de la economía, que eso ya lo sabemos, para que quede bien justificado todo lo que nos hagan a partir de ahora. Informen, pero informen de verdad y no para crear opiniones sólo en una dirección o para dejarnos alineados. Porque entonces eso no es justo.”

“Hoy, por fin, y aunque más o menos se intuían, se publicará el listado con las 200 familias más ricas de España. Justo al anunciar el nuevo Gobierno el recorte que va a llevar a cabo, subiendo impuestos como el IRPF o el IBI, de los que no se puede escaquear casi nadie, nos enteramos de quiénes son aquellos que pueden ponernos los colmillos largos con sus miles de millones de euros de fortuna, sin aprietos económicos para llegar a fin de mes o a fin de semana, que los plazos se acortan en esta crisis conforme vamos avanzando en ella.

Si sólo fuera cuestión de que se nos removiera la envidia insana al pensar la cena de Nochevieja que disfrutarán esas familias, donde no faltará nada de lo mejor, o con que no falte de nada ya sería suficiente, habría sido doloroso. Lo peor de todo es que nos cuentan que mientras a nosotros nos asustan cada vez que baja la Bolsa con que viene lo peor y ésta no la contamos, hay que apretarse los cinturones hasta el último agujero que aún no está hecho, cuando sube resulta que no ganamos todos; en concreto, toda esta gente sujeta a las especulaciones feroces, aumentan su riqueza en cada episodio de crisis cardíaca del país entero, un 8%. Manda huevos que a los veinte y pico mil millones de fortuna del dueño de Zara, le salgan los números en plena agonía nacional. Sintetizando, cuando baja la Bolsa perdemos todos, pero cuando sube, se quedan callados como putas los que ganan.

La otra perlita que se cuenta es que, cito textualmente: En un año marcado por el paro y la crisis financiera, por la parte de arriba de la pirámide muchos ricos españoles han puesto sus capitales a buen recaudo en países como Holanda y Luxemburgo. La práctica no es nueva, pero el dinero es miedoso y huele el peligro antes que nadie. Por eso muchas familias, bien asesoradas y con mucho que guardar, han optado por blindarlo en países donde la crisis es más liviana y la presión fiscal es más liviana. Si se nos ocurre a alguno de los comunes mortales no pagar un céntimo de la cuota del IRPF o saltarnos las cotizaciones, se nos puede liar gorda. Hacienda viene con la guadaña a cortarnos la cabeza y a hundirnos en la miseria, dándole la vuelta a nuestros bolsillos, por malos. Sin embargo, toda esta gente que tendría tanto que pagar a juzgar porque según las leyes de este país, hemos de contribuir según la riqueza que generamos, se llevan su dinero a otros lugares para evadir impuestos directamente. De qué nos sirve que paguen los impuestos de Luxemburgo si es aquí donde hace falta que arrimen el hombro.

Estamos de acuerdo en que no podíamos seguir haciendo oídos sordos, por mucho que el Gobierno anterior quisiera hacer política social y quitar lo menos posible. Está claro que pintando el campo de brotes verdes, no iba a salir el sol para que crecieran si no teníamos ni para agua con que regarlos. Ahora bien, que a bombo y platillo y a pocas horas de que termine el año, se ponga estricta la cosa y quieran reducir el déficit apretándonos la nuez a los de siempre para “salvaguardar las fortunas del país y que se pueda seguir presumiendo de que aquí también hay ricos”, no es para darle ningún voto de confianza.

La lucha está y estará siempre perdida mientras unos cuantos gocen de los privilegios fiscales y el pato lo tengamos que pagar todos, menos ellos. El Gobierno que yo espero, por muy utópico que parezca, es el que haga pagar a cada uno lo que merece. Porque hasta ahora las políticas se han regido por la máxima de que paguemos justos por pecadores.

Y ya por último, la pasada semana se inyectó a las entidades financieras una cantidad de dinero que bien habría servido para darle de comer a todo un país durante este año que tan negro nos dicen que viene. Al 1% de interés, tuvieron la cara dura de colocárselo a la deuda española al 3%. Basta ya de quedarnos de brazos cruzados, y cuando no nos quieran dar crédito que respondan por ese dinero que les han dado y es de ¡todos nosotros! (dudo mucho que ellos hayan contribuido al mismo en alguna proporción). Si nos metieron en este lío y les cierran la boca, por lo menos que no les permitamos hacer negocio a costa de nosotros y nuestra desgracia, que ellos nos han echado encima. No podemos quedarnos impasibles. Si esta crisis es nuestra porque ellos y los otros han querido, por lo menos que en el barco nos hundamos todos. O que quedemos todos a flote aunque nuestras fortunas no acumulen más que tres ceros, y con canto en los dientes que nos damos.”

“Hace casi una semana que tuvieron lugar las elecciones y el pueblo decidió, tiñendo el país de un azul muy acorde con el frío que pretende azotarnos, yendo ya de cabeza al invierno. Como siempre, no llueve a gusto de todos, pero parece que los que deben estar en desacuerdo con los resultados, decidieron que ni chicha ni limoná, que ni a unos ni a otros, que los suyos no les han gustado y los otros tampoco terminaron conquistándoles. Quizás sea mejor no hacer para dejar hacer. Quién sabe. El futuro es algo demasiado impredecible.

Entre quienes no saltaron de felicidad al ver casi todas las provincias invadidas como si España fuera el mundo y las tres cuartas partes, agua, me encuentro yo. Creo que tampoco me hubiera hecho ilusión verla teñida de rojo sangre. Y es que el pueblo soberano, mediante las urnas, elige a quienes deben representarles y actuar pensando en su beneficio, el del pueblo quiero decir, no el propio, que en este punto todos se confunden. Pero no es tan fácil cuando no quieres que te represente ninguno de los que se ofrecen.

Como digo, no ha pasado ni una semana y ya nos hemos enterado de que la primera medida para salir de la crisis adoptada por el PP va a ser la creación de un “banco malo”. Que el Estado asuma todos los “activos tóxicos” de bancos y cajas de ahorros, a medias con la banca. Ese “a medias” tampoco se ve claro, y seguramente el pacto aumentará el porcentaje de implicación para la parte del Estado. Y el Estado somos todos. Así que todas esas entidades que concedieron hipotecas a quienes no podían pagarlas, sin tomarse el tiempo de confirmar si se cumplían los requisitos, etc, tema muchas veces hablado y por el que ahora estamos como estamos, se van a librar de su lastre, todos los pisos para los que concedieron hipotecas y con los que se han tenido que quedar por falta de pagos, y lo vamos a pagar todos. Incluso yo, que nunca pedí una hipoteca ni ocupé un piso propio. Supongo que a eso se le llama arrimar el hombro, y no estaría mal si supiéramos que quienes más tienen que arrimarlo y con un par de billetitos lilas que llevan en la cartera ya podrían hacer mucho, estarán exentos de impuestos, comisiones bancarias para que sigan dejando su dinero en el banco de turno, etc. Es decir, que cuando les falta dinero a los que siempre lo tienen, lo tenemos que pagar los que no lo tenemos.

Por otro lado, ayer saltaba la noticia de que el Gobierno, con Zapatero a la cabeza, el que tiene que dejar ya el sillón, indultaba al consejero delegado del Banco Santander. Estamos inmersos en este follón porque los bancos concedieron hipotecas, reitero, que casi nadie iba a poder pagar a corto o medio plazo. Y esto era así porque España se pasó muchos años construyendo pisos para los propios españoles, no generando riqueza, contando con que el turismo descendió en cuanto asumimos el euro como moneda propia y los precios se equipararon a los de Europa (aunque nuestro salario mínimo sea la mitad del que goza la mitad de Europa, cosas de tontos, o de listos), y en algún momento la pescadilla iba a morderse la cola. En cuanto el albañil se quedase sin trabajo porque ya no había más pisos por construir, dejaría de comprarse un coche, y el que vende y fabrica coches se quedaría sin cliente y tendría que cerrar, y dejaría de comprar vino, y el de la bodega se quedaría sin clientes y dejaría de comprar camisetas, y círculo vicioso. Volviendo al indulto, siendo como somos conscientes de que la banca tiene una parte de culpa importantísima en esta crisis, para un banquero al que pillan y se puede procesar y condenar por motivos vehementes -pillado con las manos en la masa, que se dice- va el gobierno socialista, que defiende a los trabajadores puteados por esas hipotecas de los bancos, entre ellos al que pertenece este señor, y le concede el indulto sin dar cuentas de nada a nadie, que hasta el poder judicial quiere que se le rindan explicaciones.

Por otro lado, Ángela Merkel que se frotaba las manos viendo como España también caería en sus redes después de las campañas de acoso y derribo a otros países, ha visto cómo le explotaba su propia deuda en la cara y ya se ha quedado muda. Y por último, 18 eurodiputados que llevaban dos años esperando incorporarse a la cámara europea, por fin van a conseguirlos. Sí, ese grupo que vota él mismo si deben viajar cada fin de semana a sus respectivos países después de una semana en Bruselas haciendo quién sabe qué, en clase turista para ahorrar del fondo que pagamos todos. Y ellos mismos deciden que no, que siguen viajando en primera por no adquirir el síndrome de clase turista, que no es más que verse rebajado de estatus en este caso, malgastando el dinero que ponemos todos nosotros.

Así que ni Merkel ni Sarkozy ni Papandreu ni Berlusconi ni Zapatero ni Rajoy. Esta inefable clase política toma las decisiones que nos afectan a todos porque acabamos pagándolas todos, y deben ser nuestras decisiones. No me atrae la idea de que se repita la historia que acaeció hace ya setenta y cinco años, pero la cosa debería resumirse en que el pueblo es del pueblo, y por sentarse en un sillón de mando y gozar de privilegios como políticos, grandes y pequeños, tienen que consultarnos más que en una simple papeleta donde ellos ya se lo han guisado y se lo han comido entre todos, con el apoyo de los que ponen el yugo sobre nuestra cabeza. Así no, así me da igual que sea rojo, azul, amarillo o negro el mapa de España.”

“Era la entrega de los Oscar, allá por finales de febrero. La fiesta del cine se ha convertido ya en la fiesta de la moda, y a excepción de unos cuantos cinéfilos que aún van a ver todas películas candidatas en un rango u otro, la noticia del día siguiente no es quien ha resultado ganador o ganadora, sino el desfile de alta costura de la alfombra roja. Hasta ellos han tenido que pasar por el aro, y por muy sosos que vayan con el típico esmoquin y zapatos de charol, no falta el pie de foto que detalla de qué diseñador es o no es.

Pues bien, justo en el momento en que los diseñadores y firmas de joyas más se esmeran porque sus modelitos sean los elegidos por los famosos y famosas que van a lucir palmito (me niego a llamarles celebrities; me niego en rotundo) y así salir retratados en las páginas de las revistas de todo el mundo. Uno de los estandartes de las devotas de ese tipo de moda, la que pueden pagar sólo unos pocos, era John Galliano hasta hace bien poco. Saltó la liebre justo a la semana siguiente de los Oscar, cuando la noticia de un ataque verbal profiriendo insultos antisemitas de tal individuo fue la noticia bomba. Inmediatamente, la políticamente correctísima Natalie Portman renegó del vestido que iba a lucir, firmado por los alfileres de Galliano, alegando su ascendencia judía. La casa Dior, o mejor dicho, el grupo LVMH, no entró al trapo y dejó al diseñador casi en paños menores, despojándole de su cargo de gurú de la moda y hasta de su propia firma.

El tipo desapareció. Dicen que se fue a Arizona a desintoxicarse de todas las adicciones que lo llevaban por la calle de la amargura, y en las que cayó por causa de dos sucesos trágicos referentes a su vida personal. Hace poco tuvo lugar el juicio, y a raíz del mismo, Galliano ha alegado que no se acordaba de nada de tan colocado que iba.

Desde luego, decirle a alguien que a toda su estirpe tenían que haberla gaseado en los campos de concentración durante la ocupación nazi no es ninguna lindeza, aunque tampoco John saldrá tan mal parado al tener que hacer frente a una multa irrisoria. Ahora bien, si en el trasfondo de todas esas ideas, que cada cual es muy dueño de tener las que quiera; peor para él, desde luego si atentan y reivindican un holocausto tan devastador como el sufrido durante la Segunda Guerra Mundial (en estos casos es en los que haría falta tener una varita mágica para hacer desaparecer ciertos acontecimientos), están las adicciones a alcohol, fármacos y psicotrópicos, el mundo de la moda no es tan reluciente como la alfombra roja de los Oscar quiere hacer parecer.

De hecho, recuerdo que hace unos años Kate Moss andaba en malas compañías amorosas y fue pillada esnifando cocaína públicamente. Supuso un escándalo, más cuando hay campañas en las que se trata de mostrar la vida sana de las modelos y el ambiente puro que reina en el mundo de la moda. Sin embargo, las consecuencias fueron muy diferentes para Kate Moss. Inmediatamente se convirtió en imagen publicitaria de firmas de moda y cosméticos con muchos galones. Tal vez porque tampoco podían criticar quienes la contrataban lo que ellos también hacían. No sé. Digo, por los casos aparecidos, que pueden pagar justos por pecadores; error muy humano, por otro lado.

No defiendo en ningún caso el comportamiento de John Galliano ni sus ideas. De hecho, un sujeto que diga lo que dijo éste en aquella noche de autos, debería ser considerado peligroso para la humanidad y vigilado constantemente; nunca se sabe debajo de qué piel se puede encontrar a un dictador. Pero una sociedad que se ha esforzado en inculcar a fuego el peligro que suponen las drogas (bien hecho), no puede permitirse colocar como imagen y ejemplo a alguien que la consume sin control. Tampoco puede permitirse elevar a la categoría de dios a un personaje que tenía ocultos esos pensamientos, y hacerlo bajar al infierno porque esas mismas drogas que no se censuraron en un comienzo, e hicieron salir lo peor de él. Otras muchas veces, las mismas que renegaron de sus vestidos disfrutaron con lo mejor.”